Conductas de autocuidado y gravedad de los síntomas del tracto  
urinario inferior en adultos mayores con hiperplasia prostática  
benigna de Montañita, Ecuador: estudio transversal  
Self-care behaviors and severity of lower urinary tract symptoms among  
older adults with benign prostatic hyperplasia in Montañita, Ecuador: a  
cross-sectional study  
Andy Damián Laínez Tomalá  
Instituto Superior Tecnológico de Formación Universidad Estatal Península de Santa  
Profesional, Administrativa y Comercial,  
Ecuador.  
María Fernanda Peredo Yagual  
Kelly Stefany Salinas González  
Instituto Superior Tecnológico de Formación  
Profesional, Administrativa y Comercial,  
Ecuador.  
Elena, Ecuador  
Palabras claves: Autocuidado; síntomas del tracto urinario inferior;  
hiperplasia prostática benigna; adulto mayor; estudio transversal.  
Keywords: Self-care; lower urinary tract symptoms; benign prostatic  
hyperplasia; older adult; cross-sectional study.  
Recibido: 04 de febrero de 2026  
Aceptado: 12 de junio de 2026  
RESUMEN  
El presente trabajo analiza la asociación entre las conductas de autocuidado y la gravedad de los  
síntomas del tracto urinario inferior (STUI) en adultos mayores con antecedente de hiperplasia  
prostática benigna (HPB) de la comuna Montañita, Ecuador. La relevancia del tema se sustenta en el  
incremento mundial de la HPB y en la necesidad de intervenciones comunitarias que complementen la  
atención clínica. Se realizó un estudio cuantitativo, observacional, analítico y transversal durante 2024.  
De una población de 350 adultos mayores se seleccionaron 183 participantes mediante muestreo  
estratificado proporcional. El autocuidado se evaluó con una escala adaptada de 20 ítems, con  
consistencia interna de α = 0,82; la gravedad de los STUI se clasificó mediante el International Prostate  
Symptom Score. El 55,2 % presentó autocuidado bajo; los STUI fueron leves en 34,4 %, moderados  
en 43,7 % y severos en 21,9 %. El autocuidado bajo se asoció con síntomas moderados o severos (χ²  
= 28,7; p < 0,001; V de Cramér = 0,396; RP = 1,82; IC95 %: 1,41-2,35). Se concluye que existió una  
asociación de magnitud moderada, sin que el diseño permita establecer causalidad.  
ABSTRACT  
This study analyzes the association between self-care behaviors and lower urinary tract symptom  
(LUTS) severity among older adults with a history of benign prostatic hyperplasia (BPH) in Montañita,  
Ecuador. The topic is relevant because the global burden of BPH is increasing and community-based  
interventions are needed to complement clinical care. A quantitative, observational, analytical, cross-  
sectional study was conducted in 2024. From a population of 350 older adults, 183 participants were  
selected through proportional stratified sampling. Self-care was assessed with an adapted 20-item  
scale with internal consistency of α = .82, while LUTS severity was classified using the International  
Prostate Symptom Score. Low self-care was identified in 55.2% of participants; LUTS were mild in  
34.4%, moderate in 43.7%, and severe in 21.9%. Low self-care was associated with moderate or severe  
symptoms (χ² = 28.7; p < .001; Cramér’s V = .396; prevalence ratio = 1.82; 95% CI [1.41, 2.35]). The  
findings indicate a moderate association; however, the cross-sectional design does not establish  
temporality or causality.  
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Vol. 8 No.1, Revista de Investigación Formativa: Innovación y Aplicaciones Técnico  
Tecnológicas, junio, 2026  
Andy Damián Laínez Tomalá, Mgtr. -María Fernanda Peredo Yagual, Lcda. -Kelly Stefany Salinas González,  
Mgtr.  
INTRODUCCIÓN  
Situación. La hiperplasia prostática benigna (HPB) es un proceso histológico no maligno cuya  
frecuencia aumenta con la edad y que puede coexistir con obstrucción prostática benigna y síntomas  
del tracto urinario inferior (STUI). Estos síntomas comprenden alteraciones de almacenamiento,  
vaciamiento y posmicción; por tanto, no deben considerarse sinónimos de crecimiento prostático ni  
atribuirse automáticamente a una sola causa (Abrams et al., 2002; European Association of Urology,  
2026). En 2019 se estimaron 94 millones de casos prevalentes de HPB en el mundo, con un incremento  
absoluto marcado respecto de 2000, especialmente relevante para países de ingresos bajos y medios  
(GBD 2019 Benign Prostatic Hyperplasia Collaborators, 2022). Revisiones recientes señalan, además,  
que una proporción considerable de los hombres mayores de 50 años presenta urgencia, nocturia,  
chorro débil u otros STUI con repercusiones funcionales y emocionales (Wei et al., 2025).  
La evaluación estandarizada de los STUI es esencial para distinguir su gravedad y orientar la  
necesidad de valoración médica. El International Prostate Symptom Score (IPSS), derivado del índice  
de síntomas de la American Urological Association, integra siete preguntas sobre frecuencia, nocturia,  
chorro débil, esfuerzo, intermitencia, vaciamiento incompleto y urgencia; su puntuación permite  
clasificar los síntomas como leves, moderados o severos (Barry et al., 1992). El instrumento ha  
demostrado utilidad en poblaciones con diferentes niveles educativos y contextos culturales, aunque  
su aplicación no sustituye la historia clínica, el examen físico ni las pruebas complementarias (Taneja  
et al., 2017).  
Problema. El manejo contemporáneo de los STUI asociados a HPB no se limita a tratamientos  
farmacológicos o quirúrgicos. Las guías clínicas recomiendan incorporar educación, vigilancia de  
signos de alarma y medidas conductuales individualizadas, como distribución horaria de líquidos,  
reducción de irritantes vesicales cuando corresponda, entrenamiento vesical y control de  
comorbilidades (European Association of Urology, 2026; Sandhu et al., 2024). La Organización Mundial  
de la Salud concibe el autocuidado como la capacidad de las personas, familias y comunidades para  
promover y mantener la salud, prevenir enfermedades y afrontar problemas de salud con o sin apoyo  
profesional (World Health Organization, 2022). Esta perspectiva es especialmente pertinente en  
personas mayores que requieren decisiones cotidianas sostenidas y acompañamiento de enfermería.  
La evidencia experimental y de síntesis respalda el potencial de los programas estructurados de  
automanejo para disminuir la intensidad de los STUI y retrasar el fracaso terapéutico. Un ensayo clínico  
demostró que un programa que combinó educación, manejo de líquidos, cafeína, entrenamiento  
vesical y estrategias conductuales redujo síntomas y eventos de fracaso frente a la atención habitual  
(Brown et al., 2007). Posteriormente, una revisión sistemática y metaanálisis confirmó beneficios  
clínicos de las intervenciones de automanejo en hombres con STUI, aunque señaló heterogeneidad  
en componentes y seguimiento (Albarqouni et al., 2021). Los programas más consistentes incluyen  
valoración previa, información, manejo individualizado de líquidos, cafeína y alcohol, técnicas de  
vaciamiento y seguimiento planificado (Brown et al., 2004; Brown & Emberton, 2009).  
Los hábitos y condiciones metabólicas pueden relacionarse con la aparición o mayor intensidad de los  
STUI, pero no todos los factores tienen la misma fuerza de evidencia. La actividad física moderada a  
vigorosa se ha asociado con menor riesgo de HPB o STUI (Parsons & Kashefi, 2008), mientras que la  
obesidad y el síndrome metabólico se han relacionado con crecimiento prostático y mayor carga  
sintomática (De Nunzio et al., 2012; Gacci et al., 2015; Parsons et al., 2009). El consumo de bebidas  
con cafeína también se ha asociado con frecuencia y urgencia en estudios poblacionales, por lo que  
su reducción debe individualizarse y no presentarse como una recomendación universal (Maserejian  
et al., 2013).  
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Vol.8 No.1, ISSN 2600-5832, junio, 2026  
Conductas de autocuidado y gravedad de los síntomas del tracto urinario inferior en adultos mayores con  
hiperplasia prostática benigna de Montañita, Ecuador: estudio transversal  
En Ecuador existe evidencia comunitaria limitada. Un estudio realizado en la parroquia Javier Loyola  
identificó una carga importante de STUI en hombres mayores y describió su repercusión cotidiana, lo  
que demuestra la necesidad de ampliar la vigilancia y la educación fuera de los servicios especializados  
(Conchado-Martínez et al., 2021). En la comuna Montañita, la tesis que dio origen al presente artículo  
documentó prácticas insuficientes de actividad física, manejo de líquidos, prevención del estreñimiento  
y otros componentes de autocuidado. Sin embargo, el manuscrito inicial atribuía un “impacto” causal y  
afirmaba una medición independiente de calidad de vida que no quedó documentada mediante una  
escala específica. Por rigor metodológico, el desenlace del artículo se restringió a la gravedad de los  
STUI, que sí fue presentada mediante categorías clínicas.  
Pregunta y respuesta del estudio. Se planteó la pregunta: ¿existe asociación entre el nivel de  
conductas de autocuidado y la gravedad de los STUI en los adultos mayores con antecedente de HPB  
de Montañita? La hipótesis de trabajo sostuvo que un nivel bajo de autocuidado se relacionaría con  
una mayor proporción de síntomas moderados o severos. El objetivo fue analizar la asociación entre  
las conductas de autocuidado y la gravedad de los STUI en esta población, describir los factores  
conductuales y fisiológicos abordados y generar implicaciones prudentes para la práctica comunitaria  
de enfermería.  
METODOLOGÍA  
Diseño, lugar y periodo  
Se realizó un estudio cuantitativo, observacional, analítico y transversal en la comuna Montañita,  
parroquia Manglaralto, provincia de Santa Elena, Ecuador, durante 2024. El diseño transversal permitió  
estimar la distribución simultánea de las conductas de autocuidado y la gravedad de los STUI en un  
momento determinado. Se seleccionó porque el propósito fue analizar una asociación y no evaluar el  
efecto de una intervención. La redacción metodológica se organizó conforme a las recomendaciones  
STROBE para estudios observacionales (von Elm et al., 2007).  
Población, muestra y muestreo  
La población de referencia estuvo conformada por 350 adultos mayores residentes en la comunidad e  
identificados en el marco del estudio como personas con antecedente de HPB. El tamaño muestral se  
calculó para población finita con nivel de confianza del 95 %, proporción esperada de 50 %, precisión  
del 5 % y corrección por tamaño poblacional, obteniéndose 183 participantes. Se aplicó muestreo  
estratificado proporcional para representar a 280 habitantes nativos y 70 residentes; la asignación final  
fue de 146 nativos y 37 residentes.  
Se incluyeron hombres de 60 años o más, residentes en Montañita, con antecedente o diagnóstico  
referido de HPB, capacidad para comprender las preguntas y aceptación voluntaria mediante  
consentimiento informado. Se excluyeron hombres menores de 60 años, personas no residentes,  
participantes con enfermedad aguda grave o condición cognitiva o comunicacional que impidiera  
responder los instrumentos, y registros incompletos. La forma de confirmación clínica de la HPB  
constituye una limitación y debe diferenciarse de la sola presencia de STUI.  
Variables y operacionalización  
La variable principal de exposición fue el nivel de conductas de autocuidado y el desenlace fue la  
gravedad de los STUI. La calidad de vida no se analizó como desenlace independiente, porque no se  
dispuso de una puntuación documentada del ítem de molestia del IPSS, del Benign Prostatic  
Hyperplasia Impact Index ni de otra escala validada. Esta corrección evita equiparar automáticamente  
mayor gravedad sintomática con peor calidad de vida, aunque ambas dimensiones puedan  
relacionarse en la práctica clínica.  
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Andy Damián Laínez Tomalá, Mgtr. -María Fernanda Peredo Yagual, Lcda. -Kelly Stefany Salinas González,  
Mgtr.  
Tabla 1. Operacionalización de las variables analizadas  
Variable  
Conductas de  
autocuidado  
Definición operacional  
Puntaje global obtenido con  
una escala adaptada de 20  
ítems sobre prácticas físicas,  
relacionales y de cuidado  
urinario.  
Indicadores principales  
Actividad física,  
alimentación, controles,  
descanso, cafeína/alcohol,  
líquidos, relajación  
Escala y puntuación  
Likert de 1 (nunca) a 5  
(siempre); rango teórico  
20-100. Los ítems  
Uso analítico  
Clasificación en nivel  
bajo y alto mediante la  
mediana muestral  
definida en el plan  
analítico.  
inversos se  
miccional, ejercicios pélvicos recodificaron para que  
y prevención del  
estreñimiento.  
mayor puntuación  
indicara mejor  
autocuidado.  
Gravedad de los  
STUI  
Suma de las siete preguntas  
sintomáticas del IPSS durante frecuencia, intermitencia,  
el último mes.  
Vaciamiento incompleto,  
0-35 puntos: leve 0-7,  
moderado 8-19 y severo  
20-35.  
Variable ordinal de tres  
categorías; análisis  
secundario: leve frente  
a moderado/severo.  
Se retiró del título,  
objetivo, resultados y  
conclusiones; se  
recomienda evaluarla  
en estudios posteriores.  
urgencia, chorro débil,  
esfuerzo y nocturia.  
Calidad de vida  
No operacionalizada como  
desenlace en la base  
analizada.  
No se documentó  
puntuación de un  
instrumento específico ni del  
ítem de molestia del IPSS.  
No aplicable.  
Nota. STUI = síntomas del tracto urinario inferior; IPSS = International Prostate Symptom Score.  
Instrumentos  
Escala de conductas de autocuidado. Se utilizó la versión adaptada consignada en la tesis, compuesta  
por 20 ítems con cinco alternativas de respuesta. Antes de la aplicación definitiva se efectuó una  
prueba piloto en 25 adultos mayores; cuatro reactivos se reformularon con lenguaje más comprensible  
y se obtuvo un alfa de Cronbach de 0,82. Este valor indicó consistencia interna adecuada para el  
estudio. No obstante, la adaptación no equivale a una validación psicométrica completa en población  
ecuatoriana; por ello, la interpretación se restringió al puntaje global y a la clasificación empleada en la  
base analítica. La literatura psicométrica sobre escalas generales de autocuidado respalda la  
necesidad de examinar validez de contenido, estructura interna, estabilidad y puntos de corte antes de  
generalizar resultados (Rodríguez de Behrends et al., 2023).  
International Prostate Symptom Score. El IPSS contiene siete preguntas sintomáticas con opciones de  
0 a 5, para un total de 0 a 35 puntos. Se utilizaron las categorías convencionales: leve, 0-7; moderado,  
8-19; y severo, 20-35 (Barry et al., 1992). El cuestionario incluye habitualmente una pregunta adicional  
sobre molestia o calidad de vida; como dicho valor no estuvo documentado en la base disponible para  
este artículo, no se incorporó al análisis ni se formularon conclusiones directas sobre calidad de vida.  
Factores conductuales y fisiológicos abordados  
Los factores conductuales considerados por la escala fueron actividad física, selección de alimentos,  
consumo de cafeína y alcohol, distribución del consumo de líquidos, prevención del estreñimiento,  
descanso, asistencia a controles médicos, relajación durante la micción, postura al orinar y ejercicios  
del suelo pélvico. Estos componentes corresponden a prácticas potencialmente modificables; su  
inclusión se fundamentó en programas de automanejo y recomendaciones clínicas que enfatizan  
educación, manejo de líquidos, cafeína y entrenamiento vesical (Brown et al., 2004; European  
Association of Urology, 2026).  
El componente fisiológico se representó mediante los siete síntomas del IPSS. No se midieron  
directamente volumen prostático, flujo urinario máximo, residuo posmiccional, antígeno prostático  
específico, uroflujometría, función renal, índice de masa corporal, glucemia, diabetes, síndrome  
metabólico, uso de medicamentos ni comorbilidades. La ausencia de estas variables impidió ajustar  
por potenciales factores de confusión y diferenciar con precisión la contribución prostática, vesical o  
metabólica a los síntomas.  
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Conductas de autocuidado y gravedad de los síntomas del tracto urinario inferior en adultos mayores con  
hiperplasia prostática benigna de Montañita, Ecuador: estudio transversal  
Procedimiento de recolección  
Los participantes fueron contactados en la comunidad y recibieron información sobre propósito,  
procedimientos, voluntariedad y confidencialidad. Los instrumentos se administraron individualmente,  
con apoyo para lectura cuando fue necesario y sin sugerir respuestas. Al finalizar, se verificó la  
integridad de cada formulario. Los datos se codificaron en una matriz y se procesaron en IBM SPSS  
Statistics versión 23.  
Análisis estadístico  
Se calcularon frecuencias absolutas y porcentajes para las variables categóricas. La asociación entre  
nivel de autocuidado y gravedad de los STUI se examinó mediante la prueba χ² de Pearson, con nivel  
de significación bilateral de 0,05. Se estimó la V de Cramér como medida del tamaño del efecto. Para  
complementar la interpretación clínica, se agruparon los STUI en leves frente a moderados o severos  
y se calcularon la razón de prevalencias (RP) y la odds ratio (OR), con intervalos de confianza del 95  
%. No se efectuó modelamiento multivariable porque la base disponible no contenía de manera  
completa los potenciales confusores clínicos necesarios.  
Consideraciones éticas  
La participación fue voluntaria y precedida por consentimiento informado. Se garantizó la  
confidencialidad, la codificación de los registros, el uso académico de la información y la posibilidad de  
retirarse sin consecuencias.  
RESULTADOS  
Se analizaron 183 cuestionarios completos. Todos los participantes fueron hombres; 62 (33,9 %) tenían  
entre 65 y 70 años y 121 (66,1 %) tenían 71 años o más. El autocuidado se clasificó como alto en 82  
participantes (44,8 %) y bajo en 101 (55,2 %). La distribución de los STUI fue: 63 casos leves (34,4  
%), 80 moderados (43,7 %) y 40 severos (21,9 %). En conjunto, 120 participantes (65,6 %) presentaron  
síntomas moderados o severos.  
Tabla 2. Características generales y distribución de las variables de estudio (n = 183)  
Variable o categoría  
n
%
Sexo masculino  
Edad 65-70 años  
Edad ≥ 71 años  
Autocuidado alto  
Autocuidado bajo  
STUI leves  
183  
62  
100,0  
33,9  
66,1  
44,8  
55,2  
34,4  
43,7  
21,9  
121  
82  
101  
63  
STUI moderados  
STUI severos  
80  
40  
Nota. Los porcentajes se calcularon sobre el total de participantes.  
La gravedad de los STUI mostró una distribución diferente según el nivel de autocuidado. Entre los  
participantes con autocuidado alto, 45 (54,9 %) presentaron síntomas leves y 7 (8,5 %) severos. En el  
grupo con autocuidado bajo, 18 (17,8 %) presentaron síntomas leves y 33 (32,7 %) severos. La  
asociación global fue estadísticamente significativa (χ² = 28,7; gl = 2; p < 0,001) y la V de Cramér de  
0,396 indicó una magnitud moderada.  
Tabla 3. Nivel de autocuidado y gravedad de los síntomas del tracto urinario inferior  
Nivel de autocuidado  
Alto  
Leve n (%)  
45 (54,9)  
Moderado n (%)  
30 (36,6)  
Severo n (%)  
7 (8,5)  
Total  
82  
Bajo  
18 (17,8)  
63 (34,4)  
50 (49,5)  
80 (43,7)  
33 (32,7)  
40 (21,9)  
101  
183  
Total  
25  
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Mgtr.  
Nota. Los porcentajes de las filas alto y bajo se calcularon dentro de cada nivel de autocuidado; la fila  
total corresponde a porcentajes sobre n = 183. χ² de Pearson = 28,7; gl = 2; p < 0,001; V de Cramér =  
0,396.  
En el análisis dicotómico, los síntomas moderados o severos estuvieron presentes en 83 de 101  
participantes con autocuidado bajo (82,2 %) y en 37 de 82 con autocuidado alto (45,1 %).  
La prevalencia fue 1,82 veces mayor en el grupo con autocuidado bajo (IC95 %: 1,41-2,35). La OR no  
ajustada fue 5,61 (IC95 %: 2,87-10,96). Estas estimaciones describen la intensidad de la asociación,  
pero no demuestran que el autocuidado precediera o causara la diferencia sintomática.  
Tabla 4. Medidas de asociación para síntomas moderados o severos  
Comparación  
Autocuidado bajo  
Prevalencia  
83/101 (82,2 %)  
37/82 (45,1 %)  
-
Medida  
Estimación  
1,82  
IC95 %  
1,41-2,35  
RP  
Autocuidado alto  
Bajo frente a alto  
Referencia  
OR  
1,00  
5,61  
-
2,87-10,96  
Nota. RP = razón de prevalencias; OR = odds ratio. Estimaciones no ajustadas, derivadas de la tabla  
de contingencia.  
DISCUSIÓN  
El hallazgo principal fue una asociación consistente entre menor autocuidado y mayor gravedad de los  
STUI. Más de cuatro quintas partes de los participantes con autocuidado bajo presentaron síntomas  
moderados o severos, frente a menos de la mitad de quienes tenían autocuidado alto. La magnitud de  
la asociación fue moderada según la V de Cramér y se mantuvo clínicamente relevante en el análisis  
dicotómico. No obstante, por tratarse de un estudio transversal, los resultados no establecen si un  
autocuidado insuficiente antecedió a los síntomas o si la mayor molestia urinaria dificultó la realización  
de conductas de autocuidado.  
La proporción global de STUI moderados o severos (65,6 %) es compatible con la elevada carga  
sintomática descrita en poblaciones comunitarias latinoamericanas. Conchado-Martínez et al. (2021)  
documentaron en Ecuador una frecuencia importante de STUI en hombres mayores y su interferencia  
con actividades cotidianas. Las diferencias exactas entre estudios pueden explicarse por edad,  
selección de participantes, definición de HPB, acceso a servicios y distribución de comorbilidades. En  
el presente trabajo todos los participantes tenían antecedente de HPB, por lo que la muestra no  
representa a todos los hombres mayores de la comunidad.  
Los resultados son concordantes con la evidencia de intervenciones estructuradas. El ensayo de Brown  
et al. (2007) mostró que un programa de automanejo redujo la intensidad de los síntomas y el fracaso  
terapéutico frente a la atención habitual. De manera consistente, Albarqouni et al. (2021) encontraron  
que las intervenciones de automanejo pueden mejorar los STUI, especialmente cuando combinan  
educación, cambios conductuales y seguimiento. Esta evidencia no permite afirmar que cada conducta  
aislada produzca el mismo efecto; más bien, sugiere que los programas multicomponente,  
individualizados y acompañados profesionalmente son más plausibles que recomendaciones  
genéricas.  
La actividad física constituye uno de los factores con mayor respaldo epidemiológico. Parsons y Kashefi  
(2008) encontraron una relación inversa entre actividad física y riesgo de HPB o STUI, mientras que  
Parsons et al. (2009) describieron vínculos entre adiposidad, crecimiento prostático y síntomas. De  
Nunzio et al. (2012) y Gacci et al. (2015) también señalaron la asociación entre síndrome metabólico,  
crecimiento prostático y carga sintomática. Sin embargo, el estudio de Montañita no midió índice de  
masa corporal, circunferencia abdominal, presión arterial, glucemia ni perfil lipídico; por ello, no puede  
determinar cuánto de la asociación observada se explica por condiciones metabólicas.  
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Conductas de autocuidado y gravedad de los síntomas del tracto urinario inferior en adultos mayores con  
hiperplasia prostática benigna de Montañita, Ecuador: estudio transversal  
El manejo de líquidos y cafeína requiere prudencia. Los programas de automanejo suelen recomendar  
distribuir la ingesta a lo largo del día, reducirla antes de dormir cuando existe nocturia y evitar  
restricciones excesivas que favorezcan deshidratación, estreñimiento o infección. Maserejian et al.  
(2013) observaron asociaciones entre determinadas bebidas cafeinadas y el desarrollo de frecuencia  
o urgencia, pero la respuesta individual varía. En adultos mayores, la educación de enfermería debe  
considerar clima, actividad física, función renal, tratamiento farmacológico y riesgo de deshidratación  
antes de indicar cambios.  
La prevención del estreñimiento también es clínicamente pertinente, porque el esfuerzo defecatorio, la  
distensión rectal y la coexistencia de disfunciones del suelo pélvico pueden aumentar la percepción de  
síntomas urinarios. Sin embargo, la relación fisiológica no fue evaluada con mediciones objetivas en  
este estudio. Las preguntas sobre relajación al orinar, postura miccional y ejercicios pélvicos describen  
conductas potencialmente modificables, pero no equivalen a una valoración funcional del suelo pélvico  
ni justifican prescribir ejercicios sin evaluación individual.  
La corrección del constructo calidad de vida fue esencial. El manuscrito inicial interpretaba la mayor  
gravedad de los síntomas como sinónimo de peor calidad de vida. Aunque el IPSS total y las medidas  
de molestia suelen correlacionarse, la calidad de vida es un constructo multidimensional que incluye  
bienestar físico, emocional, social y funcional. Al no existir un puntaje documentado del ítem de calidad  
de vida del IPSS ni de una escala específica, el artículo no presenta resultados ni conclusiones directas  
sobre esta variable. Futuros estudios deberían incorporar el IPSS-QoL, el BPH Impact Index o un  
instrumento genérico validado, y analizar su relación con el autocuidado y los hallazgos clínicos.  
Desde la enfermería comunitaria, los resultados apoyan la valoración sistemática de síntomas, la  
educación individualizada y la derivación oportuna. El IPSS puede utilizarse como herramienta de  
tamizaje y seguimiento, no como diagnóstico etiológico. La intervención educativa debe incluir  
reconocimiento de retención urinaria, hematuria, fiebre, dolor intenso, deterioro renal u otros signos de  
alarma; revisión de fármacos que puedan agravar síntomas; manejo seguro de líquidos; actividad física  
adaptada; alimentación con fibra; prevención del estreñimiento; y adherencia a controles. La educación  
debe ser culturalmente pertinente y respetar las decisiones de la persona mayor.  
Fortalezas y limitaciones  
Entre las fortalezas se encuentran el abordaje comunitario, la inclusión de 183 adultos mayores, el  
muestreo estratificado, la aplicación de una escala de autocuidado con prueba piloto, el uso del IPSS  
y la incorporación de medidas de tamaño de efecto e intervalos de confianza. La presentación de  
denominadores y porcentajes por fila mejora la transparencia del análisis.  
El estudio presenta limitaciones metodológicas. Primero, el diseño transversal impide establecer  
temporalidad, progresión o causalidad. Segundo, las conductas fueron autorreportadas y pueden estar  
sujetas a sesgo de memoria y deseabilidad social. Tercero, la escala de autocuidado fue adaptada y  
solo se informó consistencia interna en una prueba piloto; no se realizó una validación psicométrica  
completa en población ecuatoriana. Cuarto, la dicotomización mediante la mediana reduce información  
y puede modificar la magnitud de las asociaciones.  
Quinto, no se midieron variables clínicas como volumen prostático, uroflujo, residuo posmiccional, PSA,  
función renal, tratamiento, comorbilidades ni síndrome metabólico, por lo que no fue posible controlar  
confusión. Sexto, la forma de confirmación del antecedente de HPB debe precisarse en la base y en  
el protocolo, dado que los STUI no son específicos de crecimiento prostático. Séptimo, no se  
documentó una medición de calidad de vida, por lo que esa variable se excluyó del alcance.  
Finalmente, los resultados corresponden a una comunidad costera y no deben generalizarse  
automáticamente a otras poblaciones.  
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Mgtr.  
CONCLUSIONES  
En los adultos mayores con antecedente de HPB estudiados en Montañita, el autocuidado bajo se  
asoció con una mayor proporción de STUI moderados y severos.  
La asociación fue estadísticamente significativa y de magnitud moderada; en el análisis secundario, la  
prevalencia de síntomas moderados o severos fue 1,82 veces mayor entre quienes presentaron  
autocuidado bajo.  
Los hallazgos describen una relación observada en un momento determinado y no demuestran que  
modificar el autocuidado reduzca por sí mismo la progresión anatómica de la HPB ni la gravedad futura  
de los síntomas. Tampoco permiten concluir una afectación de la calidad de vida, porque esta variable  
no fue medida de forma independiente.  
La evidencia obtenida justifica diseñar y evaluar programas comunitarios de educación y automanejo  
acompañados por valoración clínica y derivación oportuna. Las investigaciones futuras deberían utilizar  
diseños longitudinales o experimentales, validar culturalmente la escala de autocuidado, incorporar  
medidas clínicas y de calidad de vida, y ajustar los análisis por edad, tratamiento, obesidad, diabetes  
y síndrome metabólico.  
Implicaciones para la práctica de enfermería  
La valoración de enfermería puede integrar el IPSS, preguntas sobre hábitos de autocuidado, revisión  
de medicamentos y búsqueda de signos de alarma. Las personas con síntomas moderados o severos  
requieren evaluación médica, especialmente si presentan retención, hematuria, infecciones  
recurrentes, dolor, insuficiencia renal o deterioro rápido. La educación debe ser personalizada, evitar  
restricciones hídricas indiscriminadas y promover actividad física segura, alimentación equilibrada,  
prevención del estreñimiento y seguimiento de controles.  
En el ámbito comunitario se recomienda priorizar a quienes presentan autocuidado bajo junto con  
síntomas moderados o severos, establecer metas alcanzables, involucrar a la familia cuando la  
persona lo autorice y evaluar periódicamente la respuesta. Estas acciones complementan, pero no  
reemplazan, la evaluación urológica ni el tratamiento indicado por el equipo de salud.  
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