Liudka Guadarrama Álvarez, MSc. - Libia Thaureaux Vives, Mgtr.
socioeducativos de un territorio (Civís y Longás, 2015), (Cubela, G, 2023); se desarrolla
generalmente a partir de la vinculación de las familias, la escuela, las organizaciones comunitarias,
instituciones culturales y organizaciones no gubernamentales que pueden desarrollar proyectos
con la comunidad, para colaborar con la tarea educativa (Krichesky, 2006).
El citado enfoque, está vinculado al trabajo en red, a la colaboración entre las instancias
educativas y la implicación de los comunitarios como un esfuerzo colectivo para dar respuestas a
sus problemas. Según Ballester (2004) el trabajo en red "es el trabajo sistemático de colaboración
y complementación entre los recursos locales de un ámbito territorial. Es más que la coordinación,
es una articulación comunitaria: colaborar de forma estable y sistemática, para evitar duplicidades,
competencia entre recursos, descoordinación y potenciar el trabajo conjunto" (p.2). Además,
"implica un proceso de construcción permanente se caracteriza como un sistema abierto, basado
en la valoración igualitaria de sus miembros y en la reciprocidad" (p.3).
Las alianzas desarrolladas a través de redes entre instituciones y actores sociales educativos
constituyen una de las formas en que se pone en juego la participación de una comunidad en la
vida social, en el quehacer producido en la educación específicamente. Esto supone la
corresponsabilidad educativa de los diferentes actores socioeducativos que confluyen en las
comunidades como entidades, organismos, instituciones, grupos, entre otros. La integración entre
estos factores, se dirige a la transformación de situaciones indeseadas que parten de las
necesidades de la propia comunidad, donde la participación, el empoderamiento y la autogestión
pasan a ser fundamentales.
De esta manera, las comunidades han sido identificadas como espacios propicios, para la
materialización de alternativas educativas relacionadas con el ocio, según se expone en la Carta
Internacional para la Educación del Ocio (WRLA, 1994), Cubela G, JM (2022). Posteriormente en la
declaración de Quebec (2008), se reivindica la importancia del derecho al ocio y se manifiesta la
necesidad de que los diferentes agentes sociales (con diferente grado de responsabilidad) pongan
los medios necesarios para su efectivo cumplimiento, llegando a constituir un documento de
referencia internacional de la educación comunitaria del ocio.
En función de lo expuesto se considera que esta forma de educación, es una necesidad social que
demanda de una intervención conjunta desde los diferentes agentes y contextos educativos
(familia, escuela, instituciones deportivas, culturales y artísticas). Algunos autores han insistido en
la necesidad de reforzar las prácticas de ocio, entendidas no como un elemento de responsabilidad
exclusivamente individual, sino como un derecho que ha de experimentarse en el espacio público,
en diferentes escenarios y con múltiples actores sociales, convirtiéndose la comunidad en un
marco obligado de educación para el ocio (Morata y Garreta, 2012; López, 2015; Cabrera, 2018).
Esta idea conduce al concepto de educación comunitaria del ocio, la cual como ha sido planteado
por investigadores del tema, busca el cambio de actitudes y hábitos comunitarios en beneficio de
una paulatina implantación del derecho al ocio y el mejoramiento de la calidad de vida de la
comunidad; y esto, a su vez, supone el impulso del desarrollo a nivel individual (Cuenca, 2004). En
este sentido, es destacable el rol de las comunidades en la promoción de procesos participativos
que favorezcan una mejor organización de los tiempos individuales y colectivos.
Ilustrativo de esto, es la visión de la comunidad como medio de promoción y del desarrollo de las
prácticas de ocio, y como protagonista de la activación y la dinamización de los procesos de
desarrollo local (Caride, 2014). De ello se deriva la importancia de lograr una integración de las
iniciativas en el marco de la comunidad, ya que a decir de Manuel Cuenca “en la mayoría de los
casos, forman parte de actuaciones dispersas, con el riesgo de descoordinación o, lo que es más
grave, el riesgo de intervenciones contradictorias” (2004, p. 87).
De manera general la relación escuela-comunidad tiene un papel relevante en este proceso. De
esta relación se deriva la idea de la conexión comunitaria de la escuela, desde el cual se le
confiere una función de vínculo relacionado con la mejora de dicha institución. Varios autores
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Vol.8 No.1, ISSN 2600-5832, junio, 2026