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DOI: https://doi.org/10.34070/rif.v7i1


LA EDUCACIÓN COMUNITARIA Y EL TIEMPO LIBRE EN LOS JÓVENES. UN ANÁLISIS DESDE LA EDUCACIÓN POPULAR


Community Education and Free Time in Young People. An Analysis from Popular Education


Liudka Guadarrama Álvarez, MsC.

Universidad de Oriente, Cuba


liud@uo.edu.cu

Libia Thaureaux Vives, MsC.

Universidad de Oriente, Cuba


libiaj@uo.edu.cu

Leandra Jiménez Pérez, MsC.

Universidad de Oriente, Cuba


leandra@uo.edu.cu



Palabras claves: Educación Comunitaria, Tiempo libre, Educación Popular.

Recibido: 22 de enero de 2020

Keywords: Community Education, Free time, Popular Education.

Aceptado: 26 de marzo de 2020


RESUMEN

El artículo presentado introduce una mirada a la educación comunitaria, como alternativa para la preservación de prácticas adecuadas de tiempo libre en la comunidad de la Socapa, desde la educación popular. Su objetivo es reflexionar acerca del uso de la educación popular en la formación del sector juvenil, con respecto al aprovechamiento saludable y beneficioso de dicho tiempo. El acceso a la realidad fue posible a través de técnicas tanto cualitativas como cuantitativas, las cuales revelaron la inexistencia de preparación para enfrentar la ausencia de espacios de tiempo libre en el grupo de jóvenes, que les permitan realizar actividades beneficiosas en su entorno. En consecuencia es necesario recurrir a prácticas educacionales comunitarias, que propicien la participación en función del cambio.

ABSTRACT

The article presented introduces a look at community education, as an alternative for the preservation of appropriate free time practices in the Socapa community, from popular education. Its objective is to reflect on the use of popular education in the formation of the youth sector, with respect to the healthy and beneficial use of that time. Access to reality was possible through both qualitative and quantitative techniques, which revealed the lack of preparation to face the absence of free time spaces in the youth group, which allow them to carry out beneficial activities in their environment. Consequently, it is necessary to resort to community educational practices that encourage participation based on change.


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Vol. 8 No. 1, (2020): Revista de Investigación, Formación y Desarrollo: Generando Productividad Institucional, (Abril 2020)

Liudka Guadarrama Álvarez, MsC. - Libia Thaureaux Vives, MsC. - Leandra Jiménez Pérez, MsC.


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INTRODUCCIÓN

El tiempo libre, es el tiempo social liberado de obligaciones sociales, este comprende diversos tipos de actividades recreativas como prácticas habituales. Dichas actividades son expresión de las ideas, los valores y creencias construidas socialmente a través del tiempo, por parte de los grupos sociales, y a la vez determinan los comportamientos y prácticas de los mismos con respecto a este tiempo.

Las alternativas para emplear este tiempo se adaptan a contextos determinados y éstas reflejan características del grupo social en el que tiene lugar, al considerarse como importantes espacios informales de socialización, donde se producen intensas interacciones sociales. En el caso de los jóvenes estas opciones que pueden ser diversas, en correspondencia a lo que en el imaginario social de este grupo sea una experiencia que sea significativa, lo cual en muchas ocasiones no coincide con actividades de ocio enriquecedoras y sanas. En este sentido, es necesario pensar en una orientación adecuada para el uso del tiempo libre, que permita que los sujetos sean capaces de elegir actividades que los hagan sentir plenos pero que les haga desarrollar su creatividad.

Manuel Cuenca Cabeza asegura que el ocio actualmente ha tomado un papel predominante y que su vivencia es una experiencia que nos “ayuda a realizarnos, conocernos, identificarnos, a sentirnos mejor, a escaparnos de la rutina y la realidad de cada día, a recuperar el equilibrio perdido por las frustraciones del día” (Cuenca, 2000:32). Desde esta perspectiva, el ocio se puede transformar en una experiencia grupal compartida y su práctica “desarrolla lazos afectivos entre los que comparten maneras de vivirlo, que tienen un reflejo inmediato en la cohesión de la comunidad y en su desarrollo” (pp.96).

Siguiendo esta lógica es importante pensar en que las actividades de ocio y recreación realizadas en el tiempo libre, tienen un rol significativo en la formación de los actores sociales, por lo tanto, deben estar precedidas y acompañadas de una educación para el tiempo libre. En tanto ámbito de la educación no formal, las actividades ocio-recreativas practicadas en el tiempo libre, requieren de un proceso de educación que le permita la elección crítica y consciente de las actividades que pueden resultar adecuadas para el desarrollo y enriquecimiento individual y social.

De ahí que la presente reflexión se proponga el análisis de la necesidad de una práctica educacional comunitaria como un proceso sistemático de participación, formación e instrumentación de prácticas populares, culturales y sociales, que pueda ser factible para la educación de los hábitos y prácticas de ocio de los jóvenes en el entorno comunitario donde habitan. Estos elementos llevan a considerar el impacto y efectividad de una metodología, herramienta en las agendas educacionales que garantice la formación integral comprometida con el cambio, que parta de una educación abierta, responsable y crítica como la educación popular.


DESARROLLO

Educación comunitaria como proceso relacionado con el tiempo libre.

La educación comunitaria, encuentra su cobertura teórica en el ámbito disciplinar de la Pedagogía Comunitaria. (Quintana, 1991). Este término se recoge, especialmente a partir de los años noventa, como un nuevo concepto en la literatura pedagógica, con la intención de interrelacionar, integrar y globalizar acciones formativas con el resto de las intervenciones (social, sanitario, psicológico, económico), bajo la aspiración y el compromiso de ayudar y contribuir a la promoción, optimización y capacitación de los recursos humanos comunitarios.

Según los planteamientos teóricos, este concepto, se ubica en la perspectiva del desarrollo comunitario, y uno de los ámbitos básicos de su definición, es la formación. La educación comunitaria de carácter formativo actúa como mecanismo facilitador de participación, transformación social y desarrollo comunitario. En este sentido la educación comunitaria es entendida como un proceso de formación con y por la comunidad. Ello precisa la implicación de todos los actores de la comunidad, en la óptica de la gestión educativa y la acción formativa.

La intervención educativa del agente de desarrollo, en cuanto agente externo, no debe acaparar nunca el protagonismo en la promoción personal y colectiva que supone esta formación para el desarrollo. Los líderes comunitarios y los agentes, que tienen como finalidad la motivación, toma de conciencia y reclamo de participación, garantizan también el control social de la comunidad sobre la educación.

Desde esta perspectiva, la educación comunitaria hace hincapié en la transformación del ser humano, en su mejoramiento, en los cambios que deben generar en él. Primeramente, a través del equilibrio entre un impulso educativo exterior a la comunidad y la ineludible participación de los propios implicados en ese proceso formativo. Y luego, debe llegar un momento en que la labor educativa del agente de desarrollo tienda a extinguirse conforme la

La Educación Comunitaria y el Tiempo Libre en los Jóvenes. Un Análisis desde la Educación Popular


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comunidad aprende a ser protagonista de su propio progreso y a buscar y demandar autónomamente los recursos formativos que necesita para lograr sus metas de desarrollo.

El principio de la vinculación práctica-teoría, práctica-transformadora, definido por la Educación Popular es fundamental en la Educación Comunitaria y significa partir de la práctica, para reflexionar teóricamente, auto diagnosticarse y valorar desde las vivencias propias de los implicados lo que se está haciendo. Esto permite interpretar la realidad como un proceso dialéctico de reflexión sistemática en el que la práctica transformadora no solo se proyecta en el ámbito de la conciencia humana, sino en las acciones a emprender en la realidad. Es decir, se sustenta en la coherencia entre teoría y práctica, involucra a los participantes en el proceso de transformación teórico-práctica de su realidad en dependencia de las condiciones histórico contextuales, por eso, el ciclo dialéctico permite partir de la práctica, reflexionar y enriquecer los criterios teóricos y volver a ella constantemente para transformarla, en este sentido la práctica es principio y fin.

Las influencias educativas se vinculan estrechamente a la acción transformadora, pero su objetividad y calidad depende del conocimiento que se logre de las características de cada contexto y de las necesidades e intereses de los sujetos. En la medida que estos aspectos se tomen en cuenta en la organización y desarrollo del proceso, sus resultados se aproximaran a la formación de un hombre activo y consciente constructor de su propio entorno social.

El tiempo libre es considerado una de las dimensiones de la práctica cotidiana, que puede modificar esa misma práctica. Este se concibe como el tiempo social, medible, cuantificable, por lo cual se supone que es un tiempo propicio para el disfrute de actividades recreativas o la vivencia del ocio (Cuenca, 1995). Aunque es conocido que no siempre disponer de este tiempo implica experiencias ocio-recreativas, pues existen además de las laborales, actividades relacionadas con la satisfacción de necesidades bilógicas, obligaciones domésticas-familiares, y otras auto impuestas, como tareas religiosas, visitas, por solo citar algún ejemplo, realizadas en el tiempo libre y que no constituyen experiencias de ocio.

Partiendo de la concepción sociológica acerca de que el tiempo libre es aquél en el que no se está obligado (Waichman, 2002) es posible expresar que el tiempo libre es un tiempo de libertad, en el que las actividades son escogidas de manera individual. Sin embargo, contrario a lo que se pudiera pensar esta actividad humana requiere de un proceso de aprendizaje, ya que la selección de estas actividades, está condicionada por los gustos y preferencias individuales, los cuales son construidos socialmente. Las prácticas desarrolladas en este sentido son aprendidas y, por lo tanto, suponen un proceso de intervención, o sea, un modelo educativo.

Desde una visión pedagógica entonces, existe una preparación y una necesaria formación para el tiempo libre, la cual puede lograrse a partir de los diferentes agentes de socialización como la familia, la institución escolar, los medios de comunicación masiva y la comunidad. Vista desde las prácticas que implica se puede decir, que este debe ser influenciado intencionalmente con algún grado de sistematización, de manera que se logre la transformación del tiempo disponible o libre de obligaciones de los participantes en una verdadera praxis de libertad, en la que primen el protagonismo y la autonomía, en contraposición con las tendencias globalizadoras y consumistas.

Siguiendo esta óptica, la práctica de actividades de tiempo libre, constituyen también un subsistema de la educación no formal. Teniendo en cuenta lo señalado, es notorio que una de las maneras de alcanzar el desarrollo y la formación para estas actividades, es desde la educación social-educación popular (según se considere) a través de múltiples instituciones o espacios como la comunidad, por solo citar el que resulta de interés en este análisis.

Como es conocido, la educación popular o liberadora, es una forma de enseñanza que se caracteriza por ser un espacio de diálogo, encuentro y reflexión. A través de la superación de la contradicción educador - educando, nadie educa nadie, sino que todos aprenden y generan conocimiento popular y colectivo. La teoría de la educación popular es crítica, dialéctica y pretende transformar al sujeto a partir de un proceso de educación contextual. (Gómez, 2001)

La educación popular emplea propuestas metodológicas y pedagógicas basadas en la participación, en el diálogo, y en la complementación de distintos saberes que siempre van direccionados a cambiar las realidades sociales a través de la práxis. La transformación educativa es un elemento fundamental en la lucha por una sociedad más justa, y como lo afirma Freire, la educación popular está basada en vínculos interpersonales que se construyen al aprender (Freire, 1989)

Precisamente, el proceso educativo requerido en la formación para el tiempo libre debe ser un proceso que permita llegar a la capacidad de actuar, lo cual presupone que los sujetos sociales tomen conciencia que son seres condicionados pero no determinados. Y la educación popular puede lograr esto, que los grupos sociales superen la existencia de hábitos recreativos heterocondicionados, y desplieguen prácticas propias de su contexto y de acuerdo con sus realidades locales específicas, pero adecuadas y valiosas. Entendidas así, las diversas manifestaciones culturales de recreación son saberes, representaciones, expresiones y lenguajes humanos vivenciados, englobando

Liudka Guadarrama Álvarez, MsC. - Libia Thaureaux Vives, MsC. - Leandra Jiménez Pérez, MsC.


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también los instrumentos, objetos, artefactos y lugares culturales que integran la vida cotidiana de comunidades, grupos y personas.

Además, la educación popular como educación comunitaria que es al fin, debe lograr posicionamientos críticos con respecto a las prácticas de recreación beneficiosa, y así lograr una transformación continua en la organización colectiva del tiempo libre, a través de los sujetos desde su realidad y con su participación activa. Siguiendo esta línea de interpretación, se considera que una mirada sobre el tiempo libre desde la educación popular, precisa ser construida rescatando los saberes, experiencias y prácticas socioculturales existentes en cada territorio, a través de una educación que permita la promoción de una cultura autóctona.

Por tanto, es una necesidad comprender que el verdadero acceso no consiste en la posibilidad de hacer, sino que demanda una posibilidad de esparcimiento personal al que sólo se accede desde la formación. En consecuencia, el tema debe ser objeto de continuas reflexiones por parte de los actores educativos, dado que sólo a través de un plan compartido y coherente se hará factible una oferta plural, que viabilice el libre desenvolvimiento y la libre elección de los ocios más allá de las construcciones culturales y los recursos.

La realidad de los jóvenes de Socapa-Caracoles.

La comunidad Socapa-Caracoles carece en su totalidad de centros o instituciones de ocio y recreación en la que los jóvenes puedan emplear su tiempo libre. Es observable que, de manera organizada, uno de los pocos entretenimientos con que cuentan es el evento cultural Carijay o “Festival de la Jaiba, el cual incluye una serie de actividades culturales programadas por la circunscripción y están dirigidas para todos los grupos etarios. Esta realidad propicia, que las actividades de ocio se conviertan en prácticas autogestionadas por los jóvenes, quienes con sus propios medios buscan como emplear su tiempo liberado de obligaciones sociales, para su entretenimiento.

Con relación a este particular, es válido preguntarse están preparados los jóvenes de dicha comunidad para enfrentar la ausencia de espacios de ocio y si son capaces de realizar en este tiempo un ocio verdaderamente productivo para ellos y su colectividad. Las respuestas a estas interrogantes resultan apremiantes si tenemos en cuenta las consideraciones de estudios en el área de la pedagogía del ocio (Elizalde, 2009), (Cuenca, 2000) quienes coinciden en que un ocio mal gestionado puede ser un peligro, y la falta de ocio aún puede serlo más. La importancia de tener tiempo libre y ocuparlo de manera consciente en actividades provechosas, radica en la prevención de conductas de riesgo no solo para el individuo y la sociedad en general, al ser espacios propicios para el desarrollo de adicciones y actos de violencia, por solo mencionar algunas.

No parece haber lugar para dudas sobre el hecho de que la práctica del ocio colectivo, además de ser un medio de recreación y entretenimiento, al demandar acciones mancomunadas puede favorecer aprendizajes colaterales en el ámbito de las relaciones interpersonales. Por ello pretender que este tipo de prácticas puedan ser organizadas, orientadas y realizadas para incidir en la modificación de ciertas conductas cotidianas o el aprendizaje de nuevas formas de vivir más acordes con patrones de comportamiento social adecuados y comportamientos saludables, y se convierta de manera controlada en un medio facilitador de experiencias de transformación social, lleva a la imperante necesidad de diseñar una forma diferente de práctica de los mismos.

En este sentido, cada vez es mayor la atención que se presta a la educación para el consumo y el ocio desde distintos niveles educativos y distintas administraciones. Específicamente en la juventud, este hecho genera la necesidad de encontrar mecanismos que orienten las elecciones que los sujetos sociales realizan durante este tiempo. El conocimiento de las alternativas que existen, su utilización consciente y responsable en aras del desarrollo personal, es posible a través diversos agentes socializadores, donde desde la comunidad, es fundamental.

El empleo de la educación popular desde la comunidad para enfrentar el problema del tiempo libre en los jóvenes, debe partir de considéralos como un sujeto activo en su medio social. Primeramente, concienciarlos del significado de este tiempo en relación con su forma de vida y de relación con los demás; y de que son agentes activos de su propio desarrollo cultural, así como de promover su participación en la vida cultural y en la búsqueda de nuevos modos de expresión en el tiempo libre, de manera que puedan transformar su cotidianeidad, al asumir protagónicamente la realidad de su propia vida.

A diferencia de otros modelos sustentados en la pedagogía del ocio, que de manera teórica plantea la utilización del ocio del modo más provechoso posible, pero a nivel práctico la animación para el ocio pone el acento en el ocio y no en los grupos, creando una situación artificial sin contacto con la vida real; la educación popular propone una perspectiva más integral, educando desde el tiempo libre: el tiempo libre es el medio en el que se desarrolla un proyecto de animación centrado en los jóvenes. En este sentido, el énfasis se pone en el grupo y en las relaciones interpersonales, las diversas actividades son importantes.

La Educación Comunitaria y el Tiempo Libre en los Jóvenes. Un Análisis desde la Educación Popular


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Este enfoque permite concebir el tiempo libre, no solo como un espacio/ temporal que exige el desarrollo de una serie de actividades provechosas, sino como marco, como una ocasión que posibilita una recuperación de lo humano. Visto así el tiempo libre, requiere y consiste en un espacio educativo, que implica un proceso de acompañamiento crítico en el plano en el crecimiento personal.

En correspondencia, lo que se persigue es el desarrollo y la participación de los jóvenes, a través del establecimiento de interacciones significativas con los otros. Las interacciones que se producen son múltiples dentro del marco grupal, los participantes se relacionan entre sí, con el animador y con el grupo en su totalidad. En esta situación el animador pierde el monopolio de la intervención y el grupo se convierte en el principal agente animador. (López, 1986)

Este tipo de educación, persigue promover en el otro el desarrollo, la maduración y la capacidad de funcionar mejor y enfrentarse al ocio de manera más adecuada. Siguiendo las ideas de Freire, dicha educación debe estar precedida de una reflexión sobre el hombre (en este caso del grupo de jóvenes) y un análisis del medio de vida concreto, a quien se quiere educar.

De esta forma, los jóvenes llegan a ser sujetos activos, por medio de una reflexión sobre su situación, sobre sus circunstancias concretas. Mientras más reflexionen sobre su realidad, sobre su situación concreta, adquieren plena consciencia acerca del valor de la intervención para transformarla. Para conseguir esto es indispensable partir del reconocimiento de que es necesario superar la contradicción educador-educando y pasar a la convicción de que todos somos educadores y educandos.

El grupo de educadores y educandos concebidos como practicantes reflexivos, analizan la realidad con relación al ocio, reflexionan sobre ella y tratan de transformarla. El proceso reflexión-acción-reflexión es un elemento vital para la configuración del tiempo libre en el grupo juvenil en el escenario comunitario.

En este proceso se distinguen diferentes estadios o momentos a tener en cuenta para la práctica de la educación popular en función del tiempo libre:

Concientización: en este estadio, se profundiza en la percepción de la experiencia del ocio y en los beneficios humanos que éste reporta. Después se concreta esa reflexión sobre su vivencia personal del ocio, y en relación al significado que el ocio adquiere para sí mismo, se trabaja la autodeterminación en la toma de decisiones encaminadas al desarrollo de un ocio positivo y responsable.

Conocimiento de las opciones y recursos de ocio: esta área se refiere al descubrimiento, acceso e información acerca de las diferentes opciones de ocio y utilización de recursos, como un elemento de gran importancia para participar del mismo. Resultará decisiva que la provisión de recursos no proceda siempre de la sociedad de consumo, sino que se desarrollen habilidades para el aprovechamiento de recursos disponibles en su entorno.

Programa para las actividades de ocio: la práctica de una determinada actividad ha sido el aspecto más trabajado, desde siempre, por la educación en el tiempo libre, pero no tiene sentido sin el trabajo de reflexión y de implicación personal precedente. Pero una vez llegado a este nivel, resulta necesario un entrenamiento práctico de los conocimientos y habilidades propios de una serie de actividades de ocio determinadas. Estas actividades pueden ser de deportes, hobbies, actividades culturales, entre otras. El diseño y elaboración de dichas actividades debe realizarse a través de la aportación de actores especializados y los propios jóvenes.

De manera global los objetivos generales de la educación en el tiempo libre serían los siguientes:


CONCLUSIÓN

La utilización de la educación popular en el ámbito del tiempo libre es una propuesta educativa para el crecimiento personal, el desarrollo de procesos de autonomía y de socialización de los jóvenes. Es un proceso implicativo, reflexivo, en el que se aportan elementos críticos, para la construcción de actividades de ocio y la promoción de grupos de carácter educativo, estables y prolongados en el tiempo.

En dicho proceso uno de los aspectos más significativos la valoración que se hace de la vida cotidiana; el trabajo en la cotidianeidad como camino hacia el logro de la autonomía del ocio, o sea, de la capacidad de elección sobre el mismo. El educador prepara para el grupo de educandos, se llega inevitablemente a descubrir la vida de todos los días, como objetos de desarrollo personal y social. Lo cotidiano como marco o escenario de la educación en el tiempo libre.

El análisis, la autocrítica, el desarrollo de distintos intereses y la función del educador como facilitador, promotor, indica que, en el tiempo libre, el currículum es la vida y los procesos de autonomía de los propios educandos. En este contexto, la función del educador consiste en crear un clima de confianza en el grupo; ayudar a los educandos a formular sus proyectos; hacer accesible al grupo el mayor número de datos para la toma de decisiones acerca de cómo emplear su tiempo libre, que actividades puede realizar.


BIBLIOGRAFÍA

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