DOI: https://doi.org/10.34070
101
Vol. 13 No.2, Revista de Investigación, Formación y Desarrollo:
Generando Productividad Institucional, agosto, 2025
El Emprendimiento Como Constructo Complejo: Reflexiones Sobre
Creencias Y Perspectivas En Ecuador
Entrepreneurship as a Complex Construct: Reflections on Beliefs and
Perspectives in Ecuador
Palabras claves: emprendimiento, complejidad, creencias, perspectivas
Recibido: 12 de junio de 2025
Keywords: entrepreneurship, complexity, beliefs, perspectives
Aceptado: 05 de julio de 2025
RESUMEN
El emprendimiento constituye un fenómeno complejo que trasciende su dimensión económica para
inscribirse en dinámicas sociales, culturales y psicológicas. Comprenderlo implica reconocer que las
creencias y perspectivas que lo sostienen no operan de manera aislada, sino que se configuran en un
entramado donde interactúan motivaciones individuales, redes sociales y condicionamientos estructurales.
Este artículo de reflexión teórica se orienta a analizar el emprendimiento desde el enfoque del pensamiento
complejo, integrando aportes conceptuales sobre ecosistemas emprendedores, capital relacional y
factores culturales. La metodología empleada corresponde a una revisión documental analítica sustentada
en literatura académica reciente, que permite explorar los principales constructos asociados al
emprendimiento. Los resultados teóricos evidencian que este debe entenderse como un constructo abierto
y dinámico, en el que confluyen tres dimensiones: a) creencias personales vinculadas a la autonomía,
resiliencia y capacidad de asumir riesgos; b) perspectivas colectivas articuladas en redes de cooperación
y capital social; y c) factores institucionales y culturales que configuran ecosistemas emprendedores
diferenciados. La discusión destaca que reducir el emprendimiento a un proceso económico lineal genera
interpretaciones limitadas. Por el contrario, su análisis desde la complejidad permite reconocerlo como
práctica social que integra subjetividad, cultura, política y economía. Se concluye que el pensamiento
complejo ofrece un marco epistemológico pertinente para abordar la multiplicidad de factores que
interactúan en el emprendimiento, y que futuras investigaciones deben profundizar en estudios
comparativos que permitan evidenciar cómo las creencias y perspectivas varían en distintos contextos
socioculturales de América Latina y el mundo.
ABSTRACT
Entrepreneurship constitutes a complex phenomenon that transcends its economic dimension to become
embedded in social, cultural, and psychological dynamics. Understanding it requires acknowledging that
the beliefs and perspectives sustaining it do not operate in isolation but rather within an interwoven system
where individual motivations, social networks, and structural conditions interact. This theoretical reflection
article aims to analyze entrepreneurship from the perspective of complex thought, integrating conceptual
contributions on entrepreneurial ecosystems, relational capital, and cultural factors. The methodology
corresponds to an analytical documentary review based on recent academic literature, which allows the
exploration of the main constructs associated with entrepreneurship. Theoretical results indicate that
entrepreneurship should be understood as an open and dynamic construct, in which three dimensions
converge: (a) personal beliefs linked to autonomy, resilience, and the ability to take risks; (b) collective
perspectives articulated through cooperation networks and social capital; and (c) institutional and cultural
factors that shape differentiated entrepreneurial ecosystems. The discussion highlights that reducing
entrepreneurship to a linear economic process generates limited interpretations. On the contrary, its
analysis through the lens of complexity makes it possible to recognize it as a social practice
Edison Yumbla
Universidad Andina Simón Bolívar. Sede Sucre
https://orcid.org/0000-0003-
0859-2699
edisonyuca@gmail.com
Edison Esteban Yumbla Castro, PhD
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that integrates subjectivity, culture, politics, and economy. It is concluded that complex thought provides a
relevant epistemological framework to address the multiplicity of factors that interact in entrepreneurship,
and that future research should focus on comparative studies that reveal how beliefs and perspectives vary
across different socio-cultural contexts in Latin America and the world.
INTRODUCCIÓN
El emprendimiento se ha consolidado en las últimas décadas como un motor fundamental para el
desarrollo económico, social y cultural en distintos contextos. Su importancia trasciende la generación de
empleo y riqueza, puesto que se vincula con procesos de innovación, movilidad social y transformación
comunitaria. A nivel global, diversos organismos han resaltado que el emprendimiento se ha convertido en
un factor clave para explicar la capacidad de los países de adaptarse a escenarios de crisis y aprovechar
oportunidades emergentes (Global Entrepreneurship Monitor [GEM], 2019).
En América Latina, el emprendimiento ha adquirido un papel protagónico frente a la persistencia de
condiciones estructurales como la informalidad laboral, la desigualdad social y la limitada capacidad de los
mercados para absorber a la fuerza de trabajo calificada. En este contexto, emprender no solo representa
una opción económica, sino también una estrategia de resiliencia y supervivencia. Tal panorama ha
motivado la proliferación de investigaciones que buscan comprender las dinámicas del emprendimiento en
la región. Sin embargo, una parte significativa de estas aproximaciones tiende a centrarse en variables
económicas o en la descripción de perfiles individuales, lo cual ha derivado en una visión reduccionista del
fenómeno (Uribe, 2017; Varela, 2008).
El reto actual consiste en superar estos enfoques fragmentados y avanzar hacia marcos de análisis que
reconozcan al emprendimiento como un fenómeno multidimensional y complejo. Desde la perspectiva del
pensamiento complejo de Morin (2004), es posible comprender que la acción emprendedora no se
desarrolla de manera aislada, sino que se configura a partir de la interacción entre lo personal, lo colectivo
y lo estructural. Bajo esta mirada, las creencias individuales sobre autonomía, resiliencia y logro se
entrelazan con el capital relacional, las redes sociales y las condiciones institucionales, generando un
entramado que da forma a los ecosistemas emprendedores (Delgado, Martín, Navas & Cruz, 2011; Arranz,
Arroyabe, Li & Fernández de Arroyabe, 2023).
La literatura reciente sobre ecosistemas emprendedores refuerza esta idea al destacar que el
emprendimiento no depende exclusivamente del talento individual, sino de la capacidad de articular
instituciones, políticas públicas, recursos financieros y cultura social en un mismo espacio (Isenberg, 2011;
Kantis, Federico & Menéndez, 2020). En este sentido, el emprendimiento no puede reducirse a la mera
creación de empresas, sino que debe entenderse como una práctica social y cultural que refleja las
tensiones, oportunidades y desafíos de cada contexto.
Asimismo, es necesario reconocer la dimensión psicológica del fenómeno. Estudios han mostrado que la
personalidad, las motivaciones y las creencias juegan un papel determinante en la decisión de emprender
y en la forma en que los individuos enfrentan la incertidumbre (Blanco, 2007). Estos factores internos,
cuando se combinan con entornos institucionales sólidos y redes de cooperación, potencian la emergencia
de proyectos sostenibles y transformadores.
En consecuencia, este artículo se propone realizar una reflexión teórica sobre el emprendimiento desde la
óptica del pensamiento complejo, con el fin de ampliar la comprensión de las creencias y perspectivas que
lo sustentan. A través de una revisión documental analítica, se busca integrar los aportes de distintas
corrientes de estudio para mostrar que el emprendimiento es un constructo abierto, dinámico y
multidimensional, cuya interpretación demanda un abordaje interdisciplinario. Esta reflexión cobra especial
pertinencia para América Latina, donde los ecosistemas emprendedores se desarrollan en medio de
profundas desigualdades, pero también de una gran riqueza cultural y social que ofrece oportunidades
para la innovación y la transformación.
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MATERIA Y MÉTODOS
El presente artículo se desarrolló bajo un enfoque cualitativo de carácter reflexivo y documental, orientado
a la construcción teórica del emprendimiento como un constructo complejo. La estrategia metodológica
consistió en una revisión documental analítica, centrada en literatura académica arbitrada y disponible en
bases de datos de acceso abierto y repositorios institucionales, lo que permitió identificar, comparar e
interpretar los principales aportes teóricos en torno al emprendimiento.
La selección de fuentes se realizó considerando criterios de relevancia, actualidad y pertinencia. Se
incluyeron artículos de revisión, estudios empíricos y reflexiones teóricas publicados en revistas científicas
indexadas en Redalyc, SciELO, MDPI, SAGE y otros repositorios especializados. Asimismo, se
incorporaron informes internacionales sobre emprendimiento y ecosistemas emprendedores, tales como
los publicados por el Global Entrepreneurship Monitor (GEM, 2019), así como aportes teóricos clásicos y
contemporáneos que abordan el emprendimiento desde la perspectiva de la complejidad (Morin, 2004;
Uribe, 2017).
El análisis se llevó a cabo en tres fases:
1. Recolección y organización de fuentes mediante la búsqueda sistemática de literatura en bases
de datos académicas.
2. Clasificación temática de los documentos en categorías relacionadas con creencias individuales,
perspectivas colectivas y factores estructurales.
3. Síntesis reflexiva orientada a integrar los hallazgos en un marco conceptual que resalte el carácter
complejo y multidimensional del emprendimiento.
Este procedimiento metodológico permitió generar una reflexión teórica sustentada en evidencia
documental, orientada a comprender cómo las creencias y perspectivas se articulan con los contextos
socioculturales para configurar ecosistemas emprendedores diferenciados.
RESULTADOS
El análisis de la literatura permitió identificar que el emprendimiento debe concebirse como un constructo
complejo en el que confluyen distintos niveles de análisis. Los hallazgos se agrupan en cuatro categorías
que, en conjunto, permiten comprender la naturaleza multidimensional del fenómeno.
1. Creencias personales y motivaciones individuales
El primer hallazgo se relaciona con el papel de las creencias y motivaciones que orientan la acción
emprendedora. Entre ellas se destacan:
La autonomía económica, asociada al deseo de independencia laboral y de control sobre el
propio futuro.
La resiliencia ante la adversidad, que se manifiesta en la capacidad de enfrentar crisis sociales,
políticas o económicas y transformarlas en oportunidades de innovación.
La autoconfianza y la necesidad de logro, que estimulan al individuo a asumir riesgos,
perseverar y visualizar metas alcanzables.
La valoración de la creatividad y la innovación como medios legítimos de generar soluciones
en contextos desafiantes.
La revisión sugiere que estas creencias no emergen en el vacío, sino que se moldean a partir de
experiencias familiares, trayectorias educativas y narrativas sociales que legitiman el emprendimiento
como vía de progreso y movilidad social.
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2. Perspectivas colectivas y capital relacional
Otro hallazgo central es que el emprendimiento trasciende lo individual y se sostiene en redes sociales y
comunitarias que configuran su viabilidad. El capital relacional entendido como el conjunto de vínculos
personales y profesionales que facilitan acceso a recursos, información y legitimidad se convierte en un
factor clave
En este sentido, se reconocen tres elementos principales:
Las redes de cooperación entre emprendedores, familiares y aliados estratégicos que
permiten compartir recursos y reducir incertidumbre.
La construcción del emprendimiento como una práctica colectiva, que refuerza la cohesión
social y el sentido de pertenencia comunitaria.
La consolidación de ecosistemas emprendedores, en los que convergen actores públicos,
privados y académicos, generando entornos propicios para la innovación y la sostenibilidad.
Esto evidencia que la acción emprendedora no depende exclusivamente de las capacidades individuales,
sino también de la fortaleza de las redes y de la capacidad de integrarse a comunidades de apoyo.
3. Factores estructurales e institucionales
La tercera categoría refiere a los condicionamientos externos que influyen en la actividad emprendedora.
Se identifican como determinantes:
Políticas blicas y marcos normativos, que pueden incentivar la innovación o, por el contrario,
generar barreras burocráticas.
Acceso al financiamiento, uno de los mayores desafíos en contextos latinoamericanos, donde
prevalece la informalidad y la concentración del crédito.
Formación y educación emprendedora, que aportan competencias para gestionar proyectos,
liderar equipos y desarrollar innovación.
Cultura y valores sociales, que condicionan la percepción del riesgo y la aceptación del
emprendimiento como práctica legítima.
En conjunto, estos factores determinan el grado de sostenibilidad de los proyectos y las diferencias entre
ecosistemas emprendedores en distintas regiones.
4. El emprendimiento como sistema abierto y dinámico
Finalmente, los hallazgos muestran que el emprendimiento puede entenderse como un sistema abierto y
en permanente transformación, donde interactúan múltiples niveles de análisis:
Lo micro, vinculado con la subjetividad del emprendedor, sus creencias y motivaciones.
Lo meso, asociado a las redes sociales, el capital relacional y la construcción de comunidades
emprendedoras.
Lo macro, que abarca las políticas públicas, la economía, la cultura y las dinámicas globales.
Desde esta óptica, el emprendimiento se manifiesta como un proceso emergente y multidimensional, en
el que los resultados no son completamente previsibles, sino producto de la interacción entre factores
personales, colectivos y estructurales. Esta condición lo convierte en un fenómeno que requiere ser
estudiado desde marcos conceptuales integradores y no desde aproximaciones fragmentadas.
DISCUSIÓN
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Los resultados de esta revisión evidencian que el emprendimiento, lejos de ser una práctica
unidimensional, debe comprenderse como un constructo complejo en el que confluyen motivaciones
individuales, redes sociales y condicionamientos estructurales. Este hallazgo se alinea con la propuesta
de Morin (2004), quien sostiene que el pensamiento complejo permite superar los enfoques reduccionistas
y reconocer la interacción entre múltiples dimensiones en los fenómenos sociales.
En la dimensión de las creencias personales, la literatura ha resaltado que la autonomía, la resiliencia y la
innovación constituyen pilares del perfil emprendedor (Uribe, 2017; Blanco, 2007). Sin embargo, estas
motivaciones adquieren sentido únicamente en relación con los contextos culturales que las legitiman, lo
cual coincide con lo señalado por Varela (2008) al entender el emprendimiento como una práctica donde
confluyen capacidades individuales y oportunidades sociales.
Respecto a las perspectivas colectivas, el capital relacional se configura como un recurso fundamental
para la consolidación de proyectos emprendedores. Estudios como los de Delgado et al. (2011) han
mostrado que las redes sociales generan acceso a información y legitimidad, reforzando la idea de que el
emprendimiento es una práctica socialmente construida. Este planteamiento se vincula con los argumentos
de Isenberg (2011), quien destaca que los ecosistemas emprendedores requieren de interacciones
complejas entre actores públicos, privados y comunitarios para generar entornos sostenibles.
En cuanto a los factores estructurales, informes internacionales han resaltado que la calidad del
ecosistema expresada en términos de financiamiento, educación, políticas públicas y cultura
emprendedora es determinante para explicar las diferencias en los niveles de emprendimiento (GEM,
2019; Arranz et al., 2023). En el contexto latinoamericano, Kantis et al. (2020) enfatizan los desafíos
derivados de la informalidad y la escasa institucionalidad, lo cual condiciona la capacidad de los
emprendedores para sostener sus proyectos a largo plazo.
En síntesis, el emprendimiento puede ser concebido como un sistema abierto y dinámico en el que lo
micro, lo meso y lo macro se interrelacionan (Uribe, 2017; Suddaby et al., 2019). Al integrar estos niveles
bajo la óptica del pensamiento complejo, se abre la posibilidad de avanzar hacia enfoques
interdisciplinarios que reconozcan al emprendimiento como una práctica social transformadora, más allá
de los indicadores económicos.
CONCLUSIONES
El presente artículo permitió reflexionar sobre el emprendimiento como un constructo complejo, en el que
convergen creencias individuales, perspectivas colectivas y condicionamientos estructurales. A partir de la
revisión documental y del análisis desde el pensamiento complejo, se evidencia que el emprendimiento no
puede ser reducido a una práctica meramente económica, sino que debe entenderse como un fenómeno
multidimensional y dinámico, atravesado por factores psicológicos, sociales, culturales e institucionales.
En primer lugar, se concluye que las creencias personales, relacionadas con la autonomía, la resiliencia y
la capacidad de asumir riesgos, constituyen un motor esencial de la acción emprendedora, pero solo
alcanzan pleno sentido en interacción con el entorno. En segundo lugar, se destaca que las redes de
cooperación y el capital relacional son fundamentales para dotar de legitimidad y viabilidad a los proyectos,
lo cual refuerza la naturaleza colectiva del emprendimiento. Finalmente, se reconoce que los factores
estructurales e institucionales, como las políticas públicas, la educación y la cultura, determinan la
sostenibilidad y diferenciación de los ecosistemas emprendedores en cada contexto.
Desde esta perspectiva, el pensamiento complejo se presenta como un marco epistemológico idóneo para
comprender la riqueza y las tensiones inherentes al emprendimiento, permitiendo integrar los niveles micro,
meso y macro en un análisis holístico.
Se recomienda que futuras investigaciones profundicen en estudios comparativos y contextuales, que
permitan identificar cómo las creencias y perspectivas emprendedoras varían en función de los entornos
socioculturales. Asimismo, resulta pertinente avanzar hacia enfoques interdisciplinarios que articulen la
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economía, la psicología social, la sociología y la teoría de sistemas, con el fin de diseñar políticas públicas
y estrategias formativas más integrales y contextualizadas.
En conclusión, el emprendimiento debe concebirse no solo como un proceso de creación económica, sino
como una práctica social transformadora, capaz de articular subjetividades, capital relacional e
instituciones, y de contribuir al desarrollo sostenible en diferentes realidades latinoamericanas y globales.
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