Edison Esteban Yumbla Castro, PhD
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Vol.13 No.2, ISSN 1390-9681, agosto, 2025
that integrates subjectivity, culture, politics, and economy. It is concluded that complex thought provides a
relevant epistemological framework to address the multiplicity of factors that interact in entrepreneurship,
and that future research should focus on comparative studies that reveal how beliefs and perspectives vary
across different socio-cultural contexts in Latin America and the world.
INTRODUCCIÓN
El emprendimiento se ha consolidado en las últimas décadas como un motor fundamental para el
desarrollo económico, social y cultural en distintos contextos. Su importancia trasciende la generación de
empleo y riqueza, puesto que se vincula con procesos de innovación, movilidad social y transformación
comunitaria. A nivel global, diversos organismos han resaltado que el emprendimiento se ha convertido en
un factor clave para explicar la capacidad de los países de adaptarse a escenarios de crisis y aprovechar
oportunidades emergentes (Global Entrepreneurship Monitor [GEM], 2019).
En América Latina, el emprendimiento ha adquirido un papel protagónico frente a la persistencia de
condiciones estructurales como la informalidad laboral, la desigualdad social y la limitada capacidad de los
mercados para absorber a la fuerza de trabajo calificada. En este contexto, emprender no solo representa
una opción económica, sino también una estrategia de resiliencia y supervivencia. Tal panorama ha
motivado la proliferación de investigaciones que buscan comprender las dinámicas del emprendimiento en
la región. Sin embargo, una parte significativa de estas aproximaciones tiende a centrarse en variables
económicas o en la descripción de perfiles individuales, lo cual ha derivado en una visión reduccionista del
fenómeno (Uribe, 2017; Varela, 2008).
El reto actual consiste en superar estos enfoques fragmentados y avanzar hacia marcos de análisis que
reconozcan al emprendimiento como un fenómeno multidimensional y complejo. Desde la perspectiva del
pensamiento complejo de Morin (2004), es posible comprender que la acción emprendedora no se
desarrolla de manera aislada, sino que se configura a partir de la interacción entre lo personal, lo colectivo
y lo estructural. Bajo esta mirada, las creencias individuales sobre autonomía, resiliencia y logro se
entrelazan con el capital relacional, las redes sociales y las condiciones institucionales, generando un
entramado que da forma a los ecosistemas emprendedores (Delgado, Martín, Navas & Cruz, 2011; Arranz,
Arroyabe, Li & Fernández de Arroyabe, 2023).
La literatura reciente sobre ecosistemas emprendedores refuerza esta idea al destacar que el
emprendimiento no depende exclusivamente del talento individual, sino de la capacidad de articular
instituciones, políticas públicas, recursos financieros y cultura social en un mismo espacio (Isenberg, 2011;
Kantis, Federico & Menéndez, 2020). En este sentido, el emprendimiento no puede reducirse a la mera
creación de empresas, sino que debe entenderse como una práctica social y cultural que refleja las
tensiones, oportunidades y desafíos de cada contexto.
Asimismo, es necesario reconocer la dimensión psicológica del fenómeno. Estudios han mostrado que la
personalidad, las motivaciones y las creencias juegan un papel determinante en la decisión de emprender
y en la forma en que los individuos enfrentan la incertidumbre (Blanco, 2007). Estos factores internos,
cuando se combinan con entornos institucionales sólidos y redes de cooperación, potencian la emergencia
de proyectos sostenibles y transformadores.
En consecuencia, este artículo se propone realizar una reflexión teórica sobre el emprendimiento desde la
óptica del pensamiento complejo, con el fin de ampliar la comprensión de las creencias y perspectivas que
lo sustentan. A través de una revisión documental analítica, se busca integrar los aportes de distintas
corrientes de estudio para mostrar que el emprendimiento es un constructo abierto, dinámico y
multidimensional, cuya interpretación demanda un abordaje interdisciplinario. Esta reflexión cobra especial
pertinencia para América Latina, donde los ecosistemas emprendedores se desarrollan en medio de
profundas desigualdades, pero también de una gran riqueza cultural y social que ofrece oportunidades
para la innovación y la transformación.