Gloria María Aponte Figueroa, PhD.
carbono (CO₂), hidrocarburos (HC), monóxido de carbono (CO), óxido de nitrógeno (NOₓ) y material
particulado (PM), que contribuyen con el cambio climático global y provocan un aumento de la
contaminación ambiental (Cako, et al., 2022; Goh, et al., 2020).
Según las proyecciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), si
las emisiones globales de gases de efecto invernadero siguen aumentando, se espera que la temperatura
global promedio aumente en más de 2 °C para 2050, lo que representa graves amenazas para los
ecosistemas y la sociedad (Panahi, et al., 2024). En vista del agotamiento gradual de las reservas de
combustibles fósiles y sus impactos ambientales adversos, el desarrollo de combustibles alternativos
renovables, limpios y eficientes se ha convertido en un foco crítico de la investigación energética global
(Muhammad, et al., 2025). Los gobiernos e instituciones de investigación en todo el mundo están
promoviendo activamente el desarrollo de fuentes de energía renovables, como la solar, la eólica, la
hidroeléctrica, la geotérmica y la biomasa, que gradualmente se están convirtiendo en componentes clave
de la futura combinación energética (Razzak, et al., 2025).
En este contexto, el biodiésel se ha convertido en un combustible renovable prometedor debido a su amplia
disponibilidad, respeto al medio ambiente, biodegradabilidad, bajas emisiones de azufre y alta eficiencia
de combustión, mostrando un gran potencial como sustituto del diésel convencional (Gadore, et al., 2024,
Bashir, et al., 2022, Arslan, et al. 2022). El biodiésel no solo reduce la dependencia de los combustibles
fósiles, sino que también reduce eficazmente las emisiones de gases de efecto invernadero. Además,
puede utilizarse directamente en los motores diésel existentes sin necesidad de modificaciones
significativas, lo que lo convierte en una de las alternativas limpias más prometedoras al combustible diésel
(Akram, et al., 2025).
A nivel mundial, los gobiernos promueven activamente la producción y el uso de biodiésel mediante la
introducción de diversas políticas de incentivos, como la Directiva de Energías Renovables (RED) de la
Unión Europea, el Estándar de Combustibles Renovables (RFS) de los Estados Unidos y el programa de
promoción del biodiésel de la India. Todas estas políticas han contribuido a la expansión del mercado del
biodiésel. El mercado mundial del biodiésel ha experimentado un rápido crecimiento. Las estadísticas
muestran que la producción mundial de biodiésel fue de tan solo 15 000 barriles en el año 2000, pero
aumentó a 289 000 barriles en 2020 y se proyecta que alcance los 41 400 millones de litros en 2025
(Akande, et al., 2025). Entre ellos, la Unión Europea y Estados Unidos son los mayores productores y
consumidores de biodiésel, mientras que economías emergentes como la India, China y Brasil también
experimentan un aumento continuo de la demanda de biodiésel.
El biodiésel se produce típicamente mediante una reacción de transesterificación, en la que aceites
vegetales, grasas animales o aceites usados reaccionan con alcoholes (usualmente metanol o etanol) en
presencia de un catalizador para generar ésteres metílicos de ácidos grasos (FAME) y glicerol (Adamu, et
al., 2023). Este proceso está influenciado por varios factores, incluyendo la composición de las materias
primas, el tipo de catalizador, las condiciones de reacción y los procedimientos de postratamiento (Jayabal,
2024). Entre estos factores, la elección de la materia prima juega un papel crucial en la determinación de
los costos de producción, la calidad del combustible y la sostenibilidad. Las materias primas tradicionales
para producir biodiésel consisten principalmente en aceites vegetales como el aceite de soja, el aceite de
palma y el aceite de colza. Sin embargo, su aplicación a gran escala puede conducir a la escasez de
alimentos y a la ocupación de tierras agrícolas, ya que estos aceites compiten con los cultivos alimentarios
(Prajapati, et al., 2025, Powar, et al., 2022). En los últimos años, los investigadores han centrado su
atención en materias primas más económicas y sostenibles, como el aceite de cocina usado, el aceite de
microalgas, las grasas animales y los aceites vegetales no comestibles (Jayabal, 2024). Los aceites
usados han despertado un gran interés debido a su bajo coste y sus beneficios ambientales. Sin embargo,
su alto contenido de impurezas y su elevado índice de acidez pueden provocar la formación de jabones
como subproducto durante el proceso de transesterificación.
Por lo tanto, a menudo se requieren etapas de pretratamiento como la desacidificación, la deshidratación
y la eliminación de impurezas. El aceite de microalgas, como fuente eficiente de energía de biomasa, no
11
Vol. 14 No. 1, ISSN 1390-9789, abril, 2026